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A un año de la partida de Francisco: el legado del «Papa de los excluidos» y su grito por la justicia social

Por Redacción

Martes, 21 de abril de 2026 a las 16:07


Al cumplirse el primer aniversario del fallecimiento de Jorge Bergoglio, su pensamiento cobra más relevancia que nunca en una Argentina atravesada por la tensión social. Francisco, recordado como el Papa de los pobres y excluidos, dejó una huella imborrable con su consigna sagrada: Tierra, Techo y Trabajo (3T). «Que nadie les quite esa convicción, que nadie les robe esa esperanza», solía repetir a los movimientos populares, reivindicando los derechos de los marginados.

Su partida física no apagó sus palabras, que en sus últimos tiempos fueron especialmente críticas con la realidad política y económica de Argentina y del mundo. Francisco no solo teorizó sobre la pobreza, sino que denunció activamente los mecanismos de deshumanización y la «cultura del descarte» que, según su visión, prioriza el equilibrio fiscal por sobre la dignidad humana.

La crítica al «capitalismo salvaje» y la dictadura del mercado

Francisco fue, quizás, el líder mundial que más cuestionó las bases del sistema económico actual. En sus encíclicas y discursos, denunció un «capitalismo salvaje» que convierte al ser humano en un bien de consumo. Para Bergoglio, el sistema financiero global se había transformado en una «nueva tiranía invisible» que impone sus leyes de forma unilateral.

«Esta economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa», fustigaba Francisco.

El Papa aseguraba que el «derrame» económico era una mentira teórica que nunca se cumplía en la práctica, y que el mercado por sí solo no resuelve los problemas de la inequidad. Por el contrario, advertía que la ambición desenfrenada por el dinero —al que llamaba «el estiércol del diablo»— terminaba por destruir la Casa Común y condenar a la exclusión a millones de personas.

La crítica a la represión y el «gas pimienta de primera calidad»

Uno de los mensajes más potentes de Francisco antes de su fallecimiento fue su denuncia directa contra la represión de las protestas sociales en Argentina. Con su habitual estilo directo y punzante, el Santo Padre cuestionó la respuesta estatal ante los reclamos por la movilidad jubilatoria.

“El Gobierno se puso firme y en vez de pagar la justicia social pagó el gas pimienta, le convenía. Ténganlo en cuenta eso”, sentenció Francisco.

El Papa lamentó que se utilizara «gas pimienta de primera calidad» —al que calificó como «lo más caro que hay»— para rechazar a obreros y jubilados que pedían por sus derechos. Para Bergoglio, tildar de «revoltosos o comunistas» a quienes reclaman lo suyo era una forma de adormecer la conciencia colectiva para evitar discutir la verdadera distribución de la riqueza.

Corrupción y «el diablo que entra por el bolsillo»

Francisco también fue un denunciante incansable de la corrupción estructural. En sus disertaciones, solía citar ejemplos concretos de la Argentina para ilustrar cómo la «coima» destruye el tejido social. Relataba con amargura anécdotas de emprendedores internacionales a quienes funcionarios les preguntaban: “¿Y para nosotros, cuánto?” al momento de autorizar inversiones.

Para el Papa, el dinero mal habido era la puerta de entrada del mal en la gestión pública: “El diablo entra por el bolsillo, no se olviden”. Su llamado constante fue para “despertar las conciencias adormecidas de los dirigentes políticos”, a quienes consideraba los responsables últimos de hacer cumplir los derechos económicos, sociales y culturales del pueblo.