La Cisjordania ocupada fue escenario este fin de semana de una de las jornadas más oscuras de los últimos tiempos. Durante la noche del sábado y la madrugada del domingo, grupos de colonos israelíes protagonizaron ataques coordinados en aproximadamente 20 aldeas palestinas, dejando un saldo de viviendas y vehículos incendiados, además de numerosos heridos. La gravedad de los hechos, ocurridos en plena festividad de Eid al-Fitr, ha llevado a líderes de la oposición israelí a denunciar la complicidad estatal en lo que describen como un pogromo respaldado por el actual Gobierno y el ejército israelí.
Violencia coordinada y desamparo en territorio ocupado
La incursión violenta se desplegó con especial saña en localidades como Jalud, Silat al Dahr, Fandaqumiya y regiones del Valle del Jordán. Según reportes de la Sociedad de la Media Luna Roja Palestina y la agencia WAFA, los atacantes utilizaron fuego, piedras y gas pimienta contra la población civil. En la aldea de Jalud, al menos tres personas debieron ser hospitalizadas con heridas de gravedad en la cabeza tras ser blanco de palizas.
Pese a la magnitud de los destrozos y la sistematicidad de las agresiones, el ejército israelí se limitó a confirmar la existencia de «incendios contra estructuras y propiedades», pero no informó de ninguna detención ni el inicio de investigaciones judiciales. Este silencio operativo refuerza las críticas sobre una zona liberada para el accionar de los civiles armados, en un contexto donde el gobierno de Benjamin Netanyahu continúa impulsando la expansión de asentamientos ilegales y la ocupación militar se intensifica debido a la guerra regional.
Voces de alerta ante el «terrorismo judío»
La reacción política interna en Israel no se hizo esperar, con calificativos que remiten a las épocas más oscuras de la historia moderna. El diputado Ofer Cassif fue contundente al comparar estos ataques con la Kristallnacht (Noche de los cristales rotos) de 1938, señalando que este tipo de violencia «se ha convertido en la realidad diaria para los palestinos en Cisjordania bajo la ocupación militar«. Por su parte, Ayman Odeh, líder del partido Hadash-Ta’al, denunció una política activa de «terrorismo y limpieza étnica» que cuenta con protección oficial.
Desde la centro-izquierda, Yair Golan lamentó el avance del «terrorismo judío» y denunció que estas acciones no solo vulneran los derechos humanos, sino que representan un «abandono de la seguridad de Israel» en un frente interno crítico. El legislador Gilad Kariv sumó un dato alarmante: la violencia estuvo precedida por llamadas explícitas y una planificación pública en redes sociales que las fuerzas de seguridad decidieron ignorar.
«Si el ejército quisiera detener el terrorismo de los colonos, podría hacerlo en días», afirmó Ayman Odeh, apuntando a la responsabilidad directa de las autoridades en la desprotección de las comunidades palestinas.
Un balance de sangre y fuego
La escalada actual se desencadenó tras la muerte de un joven colono en un accidente vial, hecho que el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, utilizó para arengar a sus seguidores bajo la consigna de «defensa de la tierra». No obstante, las cifras de la ONU (OCHA) revelan una asimetría letal: en lo que va del año, al menos 25 palestinos han muerto a manos de colonos y soldados.