El dominio que ejerce Irán sobre el estrecho de Ormuz volvió a tensar el vínculo entre Estados Unidos y varios de sus aliados dentro de la OTAN. El punto de conflicto es la negativa de países europeos a sumarse a una operación militar destinada a garantizar el paso de los buques petroleros hacia Occidente.
Desde Europa, las respuestas fueron rápidas y marcaron distancia con la postura de Washington. Alemania fue tajante al señalar que “la OTAN no tiene nada que ver” con los ataques realizados por Estados Unidos e Israel contra Irán. En paralelo, el gobierno británico también se desmarcó y advirtió que “no será arrastrado a una guerra”.
Las declaraciones llegaron luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, reclamara públicamente que la OTAN participe para resolver el bloqueo en la zona. Además, el mandatario volvió a insinuar la posibilidad de retirar a su país de la alianza militar, al advertir que la falta de apoyo europeo podría derivar en un escenario “muy sombrío” para el continente.
El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, explicó que su gobierno está coordinando con distintos aliados para analizar una salida diplomática que permita restablecer la navegación en la región. En ese contexto afirmó: “Estamos trabajando con todos nuestros aliados, incluidos nuestros socios europeos, para elaborar un plan colectivo viable que pueda restablecer la libertad de navegación en la región”.
El líder británico reconoció también que la decisión de Irán —tomada por la Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica como respuesta a los ataques de Israel y Estados Unidos— tiene un fuerte impacto económico. Aun así, dejó en claro que Londres no planea involucrarse en una ofensiva militar. Starmer sostuvo que espera que el conflicto finalice pronto porque “cuanto más se prolongue, más peligrosa se vuelve la situación y peor es para el coste de vida”.
Desde Berlín, la postura fue similar. El portavoz del gobierno alemán, Stefan Kornelius, explicó que la OTAN está concebida como una alianza defensiva centrada en proteger el territorio de sus miembros y que no existe autorización para desplegar fuerzas en Irán.
El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, reforzó ese mensaje al asegurar que su país no brindará “ninguna participación militar”. Además, envió un mensaje directo a Washington al remarcar: “Esta guerra empezó sin ninguna consulta previa”.
En la Unión Europea, la jefa de la diplomacia comunitaria, Kaja Kallas, evitó hablar de opciones militares pero sí manifestó preocupación por las consecuencias económicas del bloqueo en el estrecho. En ese sentido señaló: “Nos interesa mantener abierto el estrecho de Ormuz, estamos debatiendo qué podemos hacer al respecto”.
Antes de estas respuestas, Trump había elevado el tono de su presión sobre los países europeos. El mandatario argumentó que son ellos quienes sufren más las consecuencias del cierre del estrecho, una vía estratégica por la que circula cerca del 20 % del petróleo mundial. Durante declaraciones a bordo del Air Force One, incluso insinuó que Estados Unidos podría desentenderse del problema al afirmar: “Quizá no deberíamos estar allí en absoluto, porque no lo necesitamos. Tenemos mucho petróleo”.
Trump también apuntó contra los países europeos al acusarlos de ser “quienes se benefician del estrecho” y lanzó una advertencia directa: “Si la respuesta es negativa, creo que será muy malo para el futuro de la OTAN”.
En medio de esta situación, Trump también hizo un llamado a China para que colabore en destrabar la situación en el estrecho. No obstante, Irán no bloqueó el paso de los buques que se dirigen al país asiático. El mandatario estadounidense incluso deslizó que su visita prevista para abril con el presidente chino, Xi Jinping, podría postergarse.
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