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El "dibu" Martínez se quedó encajado en el barro y dos vecinos de Sierra de los Padres lo ayudaron a salir

Mientras se define su futuro entre Juventus y Aston Villa, Emiliano "Dibu" Martínez quedó encajado en el barro en Sierra de los Padres y fue auxiliado por una familia marplatense.

Por Redacción

Martes, 28 de julio de 2026 a las 14:54

Mientras los gigantes del fútbol europeo como Juventus y Aston Villa negocian su pase tras una actuación sobresaliente en el Mundial 2026, Emiliano Martínez disfruta de unas semanas de descanso junto a su familia en su Mar del Plata natal. En ese contexto de desconexión, el arquero de la Selección Argentina protagonizó un episodio tan insólito como conmovedor al quedar encajado en el barro en la zona de Sierra de los Padres.

La lluvia de las últimas jornadas había vuelto intransitables los caminos rurales del distrito de General Pueyrredón, pero la solidaridad comunitaria se hizo presente en el momento justo para tender una mano al ídolo nacional.

La ayuda en el camino y el valor de la empatía

Como señaló certeramente el entrenador Lionel Scaloni, el valor de la solidaridad criolla aparece siempre en los momentos de necesidad. Leonardo Albarracín, un vecino de la zona que había salido a recorrer el lugar con su hijo, terminó convirtiéndose en el auxilio clave para destrabar la situación en medio del terreno anegado.

En diálogo con el diario La Capital, Albarracín detalló el instante en que advirtieron la presencia de las camionetas varadas y la figura del arquero marplatense: "Salimos en moto porque había llovido mucho y los caminos estaban intransitables. En eso doblamos y vemos a lo lejos dos camionetas. Nos fuimos acercando despacio y vimos una figura imponente de casi dos metros. 'Ese es el Dibu, papá', me dijo mi hijo. Yo no podía creer que fuera cierto".

A pesar del estatus internacional alcanzado por el deportista, el encuentro se dio en un marco de sencillez, mutuo respeto y predisposición para resolver el inconveniente:

"Tenía las manos en los bolsillos y enseguida mostró esa sonrisa tan propia de él. Nosotros no queríamos invadir de ninguna manera, pero le preguntamos qué le había pasado, nos contó y nos pidió si no teníamos un cuchillo porque no podían desatar los nudos de las lingas. Yo tenía una navaja y enseguida me tiré al suelo para intentar desatarlos".

"La verdad es que quiero resaltar la calidad humana del Dibu. Una persona extraordinaria. Ni siquiera hablamos de fútbol o del Mundial, sino que fue una charla distendida, de amigos que se encuentran de casualidad".

Gratitud, afecto y una postal para la historia

La conversación espontánea en el barro derivó en una anécdota inolvidable para la familia que asistió al referente de la Albiceleste, dejando al descubierto la frescura de un vínculo que no se rompe pese a las distancias ni a las luces de la elite internacional: "De pronto nos preguntó: '¿Y qué andan haciendo ustedes por acá?'. Yo asomé desde el piso, todo lleno de barro y le dije que no nos iba a creer pero habíamos salido para ver si lo encontrábamos".

"Antes de subirse a la camioneta nos agradeció de todas las formas posibles y nos dijo que lo habíamos salvado. Justo él, que nos dio tantas alegrías a los argentinos, nos agradecía a nosotros. Y encima es marplatense. Un fuera de serie. Cuando me abrazó, mi cabeza le llegaba al pecho. Es enorme. Entonces me animé. En mi casa yo tengo un santuario desde el Mundial de Qatar. Y cuando decidimos salir a buscar al Dibu en la moto, cargamos el poster con la foto de la atajada a Kolo Muani, las camisetas y fibrones por si lo encontrábamos. Y terminó firmándonos todo. Un fenómeno. Jamás me imaginé que nos pudiera pasar esto. Poder vivir este momento increíble con toda la familia es algo mágico. Encima cuando se estaba yendo, se frenó, se sacó el camperón oficial de la Selección y me lo regaló. Ahí sí, ya no pude aguantar. Me desbordó la emoción y me largué a llorar".

El gesto del Dibu Martínez reafirma que el reconocimiento popular hacia los integrantes de este proceso deportivo radica en su capacidad de mantener los pies sobre la tierra y responder con afecto a la devoción de un pueblo que encuentra en ellos un motivo constante de unión y alegría.