Entre las ondulantes cuchillas que abrazan el Paraná, un sueño ancestral ha vuelto a echar raíces y a florecer en la ciudad de las siete colinas. Victoria, en el corazón de Entre Ríos, se erige hoy como un faro de la vitivinicultura regional, reivindicando una tradición que estuvo dormida por décadas y que hoy embotella la esencia de nuestra tierra.
La historia del vino en Entre Ríos es tan rica como sus suelos. A finales del siglo XIX, inmigrantes italianos, franceses y suizos trajeron consigo la pasión por la vid, convirtiendo a la provincia en la cuarta productora de vinos del país, con casi 5.000 hectáreas cultivadas y una treintena de bodegas. Nuestros caldos abastecían a mercados clave como Buenos Aires, Rosario y Santa Fe, e incluso cruzaban fronteras hacia Uruguay y Brasil.
Sin embargo, en 1936, una ley nacional conocida como la «Ley Justo» truncó este pujante desarrollo, llevando a la quema de viñedos y a la casi total desaparición de la actividad industrial del vino en la provincia. Fue un golpe para la economía regional, que vio cómo una pujante industria se desvanecía en pos de un modelo centralizado.
La Derogación: El Principio del Nuevo Capítulo
Pero la vitivinicultura entrerriana, como el Ave Fénix, resurgió de sus cenizas. Fue en 1998, con la derogación de aquella ley restrictiva, cuando el sueño de producir vino en esta bendita tierra volvió a cobrar vida.
Un ejemplo es la finca BordeRío. Ubicada estratégicamente en el kilómetro 134 de la Ruta Provincial N° 11, se ha convertido en un emblema del nuevo mapa vitivinícola entrerriano. Con un «sello de identificación geográfica» otorgado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), produce anualmente 40 mil litros de un vino que expresa el particular terroir de la región, caracterizado por sus suelos calcáreos y la cercanía al agua, condiciones ideales para ciertas cepas.
En sus viñedos se cultivan diversas cepas, adaptándose a las condiciones climáticas de la zona. Entre las variedades que dan vida a sus exquisitos vinos, destacan el Malbec, Cabernet Sauvignon, Tannat, Merlot, Syrah y Chardonnay. La uva Tannat, en particular, ha ganado un lugar especial, siendo considerada la «reina de la región del Río de la Plata» por su excelente adaptación y expresión en estas tierras.
Abierta al turismo, la bodega ofrece visitas guiadas que sumergen al visitante en el fascinante proceso de elaboración del vino, desde la uva en la planta hasta la copa. Los amantes del buen vivir pueden deleitarse con degustaciones y disfrutar de la gastronomía con vistas privilegiadas a los viñedos
Cómo llegar a Victoria y a los viñedos
Victoria y sus viñedos son hoy un orgullo para Entre Ríos, un recordatorio de que la perseverancia y el arraigo a nuestras raíces pueden transformar un pasado olvidado en un futuro prometedor. Un futuro que se saborea en cada copa, brindando por la rica historia y el presente vibrante de nuestros vinos.
Acceso en vehículo
Desde Paraná:
Tomar la Ruta Nacional 12 hacia el sur hasta la rotonda de la Ruta Provincial 11.
Girar hacia el oeste por la Ruta Provincial 11 en dirección a Victoria (aproximadamente 60 km).
Desde Buenos Aires:
Cruzar a Entre Ríos por el Complejo Zárate-Brazo Largo.
Continuar por la Ruta Nacional 12 hacia el norte hasta la entrada a Victoria. Una vez en la ciudad, se puede acceder a la Ruta Provincial 11 para dirigirse hacia los viñedos.
Qué llevar
Para disfrutar plenamente de la experiencia en los viñedos de Victoria, te recomendamos llevar:
Agua potable: Especialmente en días calurosos, es importante mantenerse hidratado.
Protección solar: Sombrero, lentes de sol y protector solar son indispensables para las visitas al aire libre.
Ropa cómoda y calzado adecuado: Para caminar por los viñedos y disfrutar de las instalaciones.
Cámara fotográfica: Los paisajes de las cuchillas entrerrianas y los viñedos ofrecen postales únicas.
Dinero en efectivo o medios de pago: Para adquirir vinos o productos regionales.
¿Te animarías a visitar los viñedos de Victoria en tu próxima escapada a Entre Ríos?