El escenario productivo argentino atraviesa uno de sus momentos más críticos tras dos años de gestión libertaria. Según los últimos datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, el entramado empresarial sufrió un golpe devastador: 21.938 compañías cerraron sus puertas, lo que se tradujo en la pérdida de 290.602 puestos de trabajo en todo el territorio nacional.
La caída no fue casual ni uniforme. El impacto de la devaluación, la apertura indiscriminada de importaciones y el freno total de la obra pública —eje central del ajuste fiscal— ensañaron sus efectos especialmente en el sector de la construcción. Solo en los primeros once meses de 2025, bajaron sus persianas 9.722 empleadores, marcando un ritmo de destrucción de unidades productivas que pone en jaque la soberanía económica y el federalismo.
La radiografía del derrumbe productivo
Al inicio de la actual gestión, en noviembre de 2023, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo contabilizaba 512.357 empleadores y un universo de 9.857.173 trabajadores registrados. Dos años después, la cifra de empresas activas se desplomó a 490.419, mientras que el número de empleados en blanco cayó a 9.566.571.
Este retroceso no solo afecta a las grandes firmas, sino que golpea con saña a las nuevas iniciativas. El Informe de Trabajo destaca que la supervivencia empresarial es hoy una utopía para muchos: entre el tercer trimestre de 2024 y el segundo de 2025, el 34% del total de cierres afectó a firmas con menos de tres años de antigüedad. Este dato revela que el contexto actual impide el nacimiento y la consolidación de nuevas pymes, el motor fundamental de las economías regionales como la de Entre Ríos.
Deuda familiar y deterioro de la calidad de vida
El cierre de empresas tiene un correlato directo y doloroso en la economía de los hogares. La situación económica familiar ha sufrido un deterioro que las encuestas de consumo ya no pueden ocultar. De acuerdo con relevamientos recientes difundidos por el periodismo especializado, el 70,7% de la sociedad tiene una mirada negativa sobre su realidad financiera personal, rompiendo cualquier esquema de polarización previa.
La fragilidad social se manifiesta en la necesidad desesperada de financiamiento para sobrevivir: El 57% de los encuestados confesó haber pedido dinero prestado para cubrir gastos básicos del hogar.
El proceso de endeudamiento sigue una escala de precarización: comienza con el uso del crédito con tarjeta, escala hacia préstamos en plataformas fintech con tasas elevadas y termina en el auxilio de familiares o amigos ante el agotamiento del acceso al sistema bancario formal.