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Murió Taty Almeida, símbolo de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia

Falleció Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, a los 95 años. Repasamos su historia, la desaparición de su hijo Alejandro y su legado inmortal en los derechos humanos.

Por Redacción

Lunes, 15 de junio de 2026 a las 02:06

La histórica referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty Almeida, falleció este domingo a los 95 años en el Hospital Italiano de Buenos Aires, donde se encontraba internada debido a un cuadro de salud complejo. La triste noticia fue confirmada por sus familiares y allegados más cercanos, generando una profunda conmoción en todo el arco social y en los organismos de derechos humanos del país.

Minutos antes de su deceso, los médicos debieron sedarla "porque ya su cuerpito no aguantaba más", según informaron fuentes vinculadas a la familia. En un emotivo mensaje de despedida, sus allegados expresaron: "Gracias por haber acompañado sus relatos ...nos dio mucha felicidad a todos". Con su partida, el país pierde a una de las piezas fundamentales de la memoria histórica y la resistencia contra la impunidad.

De una familia castrense a las calles por la Memoria, Verdad y Justicia

Lydia Estela Mercedes Miy Uranga nació el 28 de junio de 1930. Su vida estuvo marcada inicialmente por un entorno completamente ajeno a los sectores populares. Hija de un teniente coronel del arma de caballería, creció en el seno de una familia donde no simpatizaban con el peronismo. Sus hermanas se casaron con integrantes de la Fuerza Aérea y su hermano Carlos llegó al grado de coronel del Ejército.

Taty se recibió de maestra y se casó con Jorge Almeida, también proveniente de una familia ligada a las fuerzas. Tuvieron tres hijos: Jorge Martín, Alejandro Martín y María Fabiana. Tras divorciarse en 1970, comenzó a trabajar como secretaria y realizando encuestas, mostrando desde entonces una enorme vocación por conversar con la gente.

El quiebre definitivo en su vida ocurrió en junio de 1975, en plena vigencia de la Triple A, cuando su hijo Alejandro, quien trabajaba en Télam, estudiaba medicina en la UBA y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), fue secuestrado y desaparecido. “Esta gorilita de mierda… Sin embargo, yo la quiero tanto”, le decía Alejandro a su mamá mientras la abrazaba, rompiendo las distancias ideológicas mediante el afecto.

El duro camino de las Madres de Plaza de Mayo

Tras la desaparición de su hijo, Taty comenzó un doloroso peregrinar. Golpeó las puertas de altos mandos militares conocidos por su familia, como Orlando Ramón Agosti, Leopoldo Fortunato Galtieri, Albano Harguindeguy y Ramón Camps, creyendo que obtendría respuestas. El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 le dio una falsa expectativa inicial que pronto se transformó en la certeza de la crueldad dictatorial.

Ante el temor de ser considerada una espía por su procedencia familiar, demoró en integrarse a las rondas, pero finalmente acudió a la Casa de las Madres en la calle Lavalle.  Allí fue recibida por María Adela Gard de Antokoletz, quien al verla quebrada le preguntó: “¿A vos quién te falta?”. Ante las lágrimas y la culpa de Taty por el tiempo perdido, María Adela la contuvo: “No, mi hijita. Cada Madre tiene su momento, y este es el tuyo”.

En septiembre de 1979, hizo filas en Avenida de Mayo para denunciar el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y con la vuelta de la democracia en 1983, aportó su testimonio ante la Conadep: “Si me dicen que hay un brujo acá en la esquina con datos de Alejandro, yo voy”, sostenía con firmeza.

Su militancia ayudó a visibilizar de forma federal que el terrorismo de Estado y la represión política habían comenzado meses antes del golpe formal de 1976.

"Me siento parida por Alejandro"

La transformación política y humana de Taty Almeida se convirtió en un ejemplo de dignidad para las futuras generaciones que defienden los derechos humanos y la justicia social frente a las políticas que pretenden desmantelar las conquistas populares.

“Yo me siento parida por Alejandro. Me bajó de esa burbuja en la que toda la vida había vivido. Y estoy muy orgullosa de que él haya sido quien me parió. Yo era una gorila fatal. Me afeité. Todo eso fue después de lo de mi hijo”, se sinceró Taty en una entrevista para el Archivo Oral de Memoria Abierta.

A pesar de caminar incansablemente durante más de cuatro décadas, la impunidad biológica de los represores le impidió alcanzar su máximo anhelo: “Es mentira eso que te dicen que el tiempo cura las heridas: yo cada vez lo extraño más. Yo querría tener aunque sea un huesito de Alejandro”.

El legado de un militante y la despedida popular

Tras el secuestro, Taty descubrió en una agenda los poemas que Alejandro escribía a sus 20 años, donde predecía su trágico pero honesto destino:

“Si la muerte me sorprende lejos de tu vientre, porque para vos los tres seguimos en él, si me sorprende lejos de tus caricias que tanto me hacen falta, si la muerte me abrazara fuerte como recompensa por haber querido la libertad, y tus abrazos entonces sólo envuelven recuerdos, llantos y consejos que no quise seguir, quisiera decirte mamá que parte de lo que fui lo vas a encontrar en mis compañeros. La cita de control, la última, se la llevaron ellos, los caídos, nuestros caídos, mi control, nuestro control está en el cielo, y nos está esperando. Si la muerte me sorprende de esta forma tan amarga, pero honesta, si no me da tiempo a un último grito desesperado y sincero, dejaré el aliento el último aliento, para decir te quiero.”

A lo largo de los años, Taty encontró el reflejo de su hijo en cada joven militante del país. Siguió viviendo en el mismo departamento de Palermo desde donde lo vio partir por última vez, manteniendo intacta la búsqueda. Los restos de la histórica dirigente serán velados en el sindicato de telecomunicaciones FOETRA, donde el pueblo le dará el último adiós a una mujer que enseñó que la única lucha que se pierde es la que se abandona.