Donald Trump confirmó que Estados Unidos lanzó un ataque contra tres instalaciones nucleares del régimen iraní. Se trató de las centrales de Fordow, Natanz e Isfahan.
“Hemos completado con gran éxito nuestro ataque contra las tres instalaciones nucleares de Irán, incluidas Fordow, Natanz y Esfahan (…) Se ha lanzado una carga completa de BOMBAS sobre la instalación principal, Fordow”, apuntó el mandatario en un mensaje en su cuenta de Truth Social.
Los tres sitios alcanzados son los principales centros de enriquecimiento de uranio de Irán por lo que, de conseguirse una destrucción masiva de los lugares, se podría asegurar un retraso de años en el programa atómico enemigo y en su capacidad de alcanzar una bomba que, según la Casa Blanca, era de múltiples unidades, en cuestión de semanas.
“Todos los aviones se encuentran ahora fuera del espacio aéreo iraní (y) regresan sanos y salvos a casa. Felicidades a nuestros grandes guerreros estadounidenses. No hay otro ejército en el mundo que hubiera podido hacer esto ¡AHORA ES EL MOMENTO DE LA PAZ! Gracias por su atención a este asunto“, sumó a continuación en el mensaje de anuncio.
De momento se desconoce la extensión de los daños, aunque la prensa iraní reconoció que “hace unas horas, cuando se activaron las defensas aéreas de Qom y se identificaron objetivos hostiles, parte del sitio nuclear de Fordo fue atacado por enemigos”.
Posteriormente, el republicano ofreció un discurso desde la Casa Blanca en el que afirmó que todas las instalaciones nucleares atacados “han sido destruidas” y lanzó una contundente advertencia a Teherán por posibles represalias: “Si no hacen la paz, los próximos ataques serían mucho mayores y mucho más fáciles”.
Según el presidente, el operativo respondió a una amenaza persistente: “Durante 40 años Irán ha estado diciendo ‘muerte a Estados Unidos, muerte a Israel’”, expresó. Y añadió: “Han estado matando a nuestra gente, volándoles los brazos, volándoles las piernas con bombas colocadas en las rutas”.
De esta manera, tras días de especulaciones, Estados Unidos ingresó de manera directa y activa en el conflicto entre Israel e Irán.
“Este es un momento histórico para Estados Unidos, Israel y el mundo. Irán debe ahora aceptar poner fin a esta guerra”, consideró Trump.
En paralelo, desde Teherán llegaron una serie de amenazas en respuesta a esta incertidumbre, en un intento por disuadir el ingreso estadounidense en el conflicto.
Su participación desataría «un infierno para toda la región” y haría que la situación se convirtiera en “un escollo”, prolongando las “brutales atrocidades”, dijo esta semana el viceministro de Asuntos Exteriores, Saeed Khatibzadeh.
“Esta no es la guerra de Estados Unidos” y, si Donald Trump decide intervenir en el conflicto, “siempre será recordado como el presidente que entró en una guerra en la que no tenía nada que hacer”, sumó.
Una maniobra clave
Si bien las instalaciones ya habían sido blanco de ofensivas israelíes, se cree que los daños habrían provocado retrasos de algunos meses en las ambiciones iraníes, por lo que se espera que la magnitud de los bombardeos estadounidenses haya sido mayor, derivando en un atraso de años.
(Infobae)