En una revelación que sacudió al sector industrial alimenticio y generó inmediata preocupación en el interior de Córdoba, el presidente de Georgalos, Miguel Zonnaras, admitió que la empresa ha trasladado la producción de sus icónicos caramelos masticables Flynn Paff a China. Según el directivo, la compañía ahora importa el producto terminado para su comercialización en el mercado interno, una decisión estratégica forzada por los altos costos operativos en Argentina.
La noticia impacta directamente en la ciudad de Río Segundo, donde Georgalos opera una de sus plantas más importantes y es el principal motor de empleo regional. El cambio de origen de uno de sus productos «estrella» enciende las alarmas entre los trabajadores, quienes temen que esta tendencia se extienda a otras líneas de producción y derive en un recorte de la plantilla local.
Infraestructura y presión impositiva: el «círculo vicioso»
Zonnaras justificó esta medida durante una entrevista en el podcast La Fábrica, señalando que Argentina ha perdido las ventajas competitivas que solía tener como productora de materias primas. Al ser los insumos básicos hoy considerados commodities con precios internacionales estandarizados, la diferencia en los costos finales queda determinada por variables donde el país muestra una desventaja estructural: logística, infraestructura y carga tributaria.
El empresario fue contundente al describir la situación: «Tenemos una infraestructura muy, pero muy precaria respecto a cómo se manejan los países industriales en el mundo». Según su análisis, la sobrepresión impositiva se traslada inevitablemente al precio final, dejando al producto fuera de competencia frente a las opciones importadas. «Cuando el producto no es competitivo, el impacto se siente en el empleo, y el empleo impacta en el consumo. Es un círculo vicioso», sentenció.
El fantasma de la desindustrialización en Córdoba
El caso de Georgalos se suma a una serie de anuncios similares de empresas de consumo masivo que, ante la apertura comercial y la recesión interna, optan por esquemas de importación directa en lugar de fabricación local. La planta de Río Segundo, símbolo de la industria cordobesa, enfrenta ahora el desafío de sostener su nivel de actividad mientras los productos más rentables comienzan a llegar desde el gigante asiático.
Desde los sectores gremiales y sociales de la región se espera una comunicación oficial sobre cómo afectará este esquema a los turnos de producción actuales. La preocupación radica en que, si la logística y los impuestos siguen asfixiando la rentabilidad, el rol de las fábricas nacionales podría reducirse al de simples centros de distribución, perdiendo el valor agregado y el conocimiento técnico acumulado durante décadas de historia industrial.