En una decisión que marca un quiebre con su tradición diplomática y los consensos internacionales sobre derechos humanos, Argentina votó este miércoles en la Asamblea General de la Naciones Unidas en contra de una resolución histórica. La iniciativa, promovida por Ghana, declara el comercio transatlántico de esclavos africanos como «el crimen más grave contra la humanidad» de la historia. La postura argentina posiciona al país en un grupo minoritario de apenas tres naciones —junto a Estados Unidos e Israel— que rechazaron el texto, frente a 123 votos a favor y 52 abstenciones.
Un rechazo que desafía el consenso global
La resolución impulsada por el presidente de Ghana, John Mahama, busca establecer una «salvaguarda contra el olvido» y avanzar hacia la reparación histórica por el sufrimiento de más de 12,5 millones de personas esclavizadas durante 400 años. El texto eleva la esclavitud racializada a un plano moral y político de máxima gravedad, una formulación que generó resistencias específicas. Mientras Estados Unidos votó en contra en un contexto de tensiones internas por la enseñanza de su pasado segregacionista, Israel rechazó la medida al considerar que la terminología podría desplazar la jerarquía histórica del Holocausto.
El voto negativo de Argentina se da en un marco de fuerte alineación geopolítica con Washington y Tel Aviv, distanciándose incluso de socios europeos y regionales que optaron por la abstención. El ministro de Exteriores ghanés, Samuel Ablakwa, subrayó que la resolución exige «responsabilidad» a nivel global, un concepto que parece entrar en conflicto con la actual agenda de política exterior argentina, que evita compromisos vinculados a reparaciones históricas o agendas de justicia social internacional.
La memoria histórica
El debate en la ONU trascendió lo simbólico para instalarse en la dimensión de la verdad histórica. El presidente Mahama defendió la necesidad de dar testimonio colectivo de las vidas arrebatadas, vinculando la resolución con la lucha actual contra el racismo y la discriminación. En su discurso, apuntó contra las corrientes políticas que intentan «dejar de enseñar a los estudiantes la verdad sobre la esclavitud», una advertencia que resuena en el clima político actual donde se cuestionan los consensos básicos sobre la memoria y los derechos humanos.
La decisión de la administración argentina de oponerse a este reconocimiento moral coincide con una fecha de alta carga simbólica: el 25 de marzo, Día Internacional de Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud. Al rechazar que el tráfico de esclavos sea considerado el crimen más grave de la historia, el país se aparta de la mayoría de la comunidad internacional, que busca cerrar una herida abierta por siglos de explotación y trato de seres humanos como mercancía.
«Esta resolución permite que, como comunidad global, demos testimonio colectivo del sufrimiento de millones cuyas esperanzas y futuros fueron arrebatados», afirmó John Mahama ante el plenario, destacando el carácter reparador de la medida aprobada por amplia mayoría.
El tablero geopolítico y las abstenciones
El resultado de la votación dejó expuestas las tensiones entre el pasado colonial y las responsabilidades presentes. Países como el Reino Unido y España —donde figuras históricas como Isabel la Católica tuvieron posturas diversas sobre la materia— se mantuvieron en la abstención, evitando el choque directo pero sin acompañar la máxima categoría criminal propuesta por África. La Unión Europea en su conjunto optó por no bloquear pero tampoco impulsar la declaración, reflejando la complejidad de un debate que hoy exige reparaciones económicas y sociales a las antiguas potencias coloniales.
Para Argentina, este voto representa un giro drástico en su inserción internacional, priorizando la sintonía con las posturas más conservadoras de la Casa Blanca por sobre el reconocimiento de crímenes de lesa humanidad. En un mundo que camina hacia la revisión de sus injusticias estructurales, la diplomacia argentina elige un camino de aislamiento que ignora las demandas de justicia del sur global y de las poblaciones afrodescendientes que aún sufren las secuelas de aquel sistema de opresión.