Elisa Carrió volvió a sacudir el tablero político con acusaciones directas contra dirigentes que durante años compartieron espacio con ella. La fundadora de la Coalición Cívica apuntó contra referentes históricos de Juntos por el Cambio, habló de corrupción, cuestionó el silencio de la dirigencia y advirtió sobre el deterioro institucional que atraviesa el país, en un contexto nacional marcado por fuertes políticas de ajuste y una creciente crisis de representación.
Durante su participación en la mesa de Mirtha Legrand, Carrió no se guardó nada. El blanco principal fue el diputado nacional Cristian Ritondo, a quien calificó de manera contundente como “corrupto” y sobre quien aseguró que decidió cortar todo vínculo político y personal. Las declaraciones generaron un fuerte impacto porque provienen de una de las figuras que construyó gran parte de su carrera pública sobre las denuncias de corrupción y la defensa de la transparencia institucional.
Acusaciones a Frigerio y el quiebre institucional
Pero Carrió no se detuvo allí. También cuestionó a Rogelio Frigerio, Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales, dirigentes que fueron piezas centrales de la coalición opositora durante la última década. Según expresó, dentro del radicalismo y de sectores de la oposición existieron situaciones que nunca fueron discutidas públicamente y que, a su entender, contribuyeron al desgaste de la credibilidad política.
Las menciones impactan de lleno en Entre Ríos, donde el actual gobernador Rogelio Frigerio intenta equilibrar la gestión provincial mientras se define entre su actual pacto electoral con Javier Milei y su otrora jefe político Mauricio Macri.
"El juego va a dominar la Argentina"
Uno de los momentos más preocupantes de la entrevista llegó cuando Carrió advirtió sobre el crecimiento de los negocios vinculados al juego y su influencia sobre distintos sectores de poder. “El juego va a dominar la Argentina”, afirmó.
La exdiputada sostuvo que detrás de muchos acuerdos de poder existen intereses económicos que trascienden los partidos y que terminan condicionando las decisiones públicas, afectando de manera directa el tejido social y la transparencia en las provincias.
Autocrítica sobre Macri y la fragmentación opositora
Carrió también sorprendió al reconocer que fue un error haber respaldado políticamente a Mauricio Macri en determinados momentos, una reflexión que reabre debates internos sobre las decisiones que tomó la oposición durante los últimos años. Sus palabras fueron interpretadas como una fuerte autocrítica hacia una etapa política que hoy aparece fragmentada, sin liderazgo claro y atravesada por profundas diferencias internas.
Más allá de los nombres propios, el mensaje de Carrió dejó una señal incómoda para gran parte del sistema político. La exdiputada planteó que la sociedad asiste a una crisis de representación en la que las denuncias de corrupción ya no generan consecuencias políticas y donde los acuerdos de poder terminan imponiéndose sobre los principios que dieron origen a muchos espacios. “Vamos a un contrato de mínima decencia. Ya no estoy pidiendo nada más que eso”, concluyó.
La frase sintetizó el tono de una intervención que volvió a colocar en el centro de la escena un debate incómodo para la política argentina: la transparencia, la corrupción y los límites éticos del poder. Mientras gran parte de la dirigencia busca reacomodarse en un escenario cada vez más polarizado, Carrió eligió volver a disparar contra quienes alguna vez fueron sus aliados, abriendo una nueva etapa de discusiones dentro de una oposición que todavía no logra resolver sus propias contradicciones.