Las ventas por el Día del Padre volvieron a mostrar la fragilidad del consumo. De acuerdo con un relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la fecha cerró con una caída interanual del 0,3% y acumuló así cuatro años consecutivos en terreno negativo para el comercio minorista.
El dato, aunque moderado en términos estadísticos, confirma una tendencia estructural que ya venía golpeando a una de las celebraciones más esperadas por los negocios de barrio y las pymes provinciales. La baja de este año se suma a una serie de retrocesos sistemáticos que demuestran que el poder de compra de las familias no encuentra un piso estable bajo las actuales variables económicas:
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2023: Caída del 1,2%
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2024: Desplome del 10,2%
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2025: Retroceso del 1,7%
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2026: Caída del 0,3%
Ni el calendario comercial ni el empuje de las vidrieras alcanzaron para torcer el ánimo de los consumidores, en un contexto donde los ingresos reales siguen perdiendo frente al costo de vida diario.
Cuotas, promociones y un ticket promedio condicionado por el bolsillo
Para intentar sostener el nivel de operaciones, los comerciantes debieron resignar margen de rentabilidad mediante agresivas estrategias de financiamiento y rebajas. El ticket promedio fue de 78.986 pesos, con operaciones muy concentradas en productos de menor valor o alcanzados por algún tipo de beneficio.
El informe de la CAME detalló que más del 80% de los comercios aplicó promociones, ya fuera mediante cuotas con tarjeta, descuentos por pago en efectivo, envíos gratuitos o acuerdos con bancos. Aun así, el resultado fue limitado: la gente compró, pero mirando bastante más el bolsillo que el regalo ideal, priorizando el endeudamiento en cuotas o el uso de saldos de las tarjetas de crédito para consumos básicos disfrazados de obsequios.
Incertidumbre en el sector comercial minorista
La mirada de los comerciantes fue en la misma línea y refleja la preocupación de las pymes que deben afrontar costos fijos crecientes, tarifas asfixiantes y una demanda local que no reacciona ante la falta de incentivos productivos.
El 38,1% consideró que el Día del Padre tuvo un impacto moderado sobre las ventas, mientras que el 36,5% dijo que aportó algo de movimiento, aunque sin cambiar el panorama general. Apenas el 7,4% lo vio como una fecha determinante para mejorar la actividad y un 18% directamente aseguró que no tuvo efecto sobre su facturación, exponiendo la dura realidad de un entramado comercial que sobrevive en medio de la recesión.