Tras las masivas e improvisadas manifestaciones que se replicaron en diversas plazas de la provincia de Entre Ríos y de todo el territorio nacional, este sábado se confirmaron de manera oficial los detalles del último adiós a Carlos Alberto Solari. El velatorio del Indio Solari se llevará a cabo el domingo en el Parque Domínico de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, constituyendo un nuevo punto de encuentro para una multitud que se resiste a la orfandad cultural.
El lugar del velatorio abrirá sus puertas a partir de las 11:00 horas, bajo un operativo de seguridad que involucrará a 1.500 efectivos policiales y que se espera que cientos de miles de personas arriben desde distintos puntos del país. La confirmación del lugar por parte de los familiares del músico llega luego de una jornada de profundo duelo colectivo. La muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari frenó la vida de miles de personas amantes del rock. Siendo uno de los pilares de la cultura musical argentina, su partida conmovió a todo el país. Sin organización previa, el epicentro para su despedida durante este viernes fue la Plaza de Mayo, sin embargo, en muchas ciudades se vivieron “misas ricoteras” donde se lo homenajeó entre llantos, música y pogos.
Banderazo, rituales y la resistencia para homenajear a un hijo de Paraná
Fiel al mandato de una obra que jamás se arrodilló ante las imposiciones del mercado, las demostraciones de gratitud hacia el artista entrerriano no se limitarán a la formalidad del sepelio. En sintonía con este espíritu de vigilia permanente, la banda que lo acompañó en sus últimas batallas poéticas sostuvo su compromiso con el público: Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado dieron anoche un recital en Comodoro Rivadavia.
La noticia del deceso del vocalista llegó como esas informaciones que durante años parecieron imposibles. Carlos Alberto Solari, el Indio Solari, murió este viernes a los 77 años y dejó detrás una de las obras más influyentes de la música popular argentina. Cantante, compositor, artista visual y referente cultural para millones de seguidores, construyó una trayectoria que excedió largamente los límites del rock para convertirse en un fenómeno social sin antecedentes en el país.
Nacido en Paraná el 17 de enero de 1949, Solari pasó de ser una figura de culto en pequeños circuitos alternativos a liderar convocatorias multitudinarias que marcaron la historia de la música argentina. Su recorrido comenzó junto a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una banda que nació en los años setenta y que con el tiempo se transformó en una referencia ineludible para varias generaciones de trabajadores.
Una obra construida desde la autogestión y la mirada crítica
El fenómeno político y estético que edificó junto a la mítica agrupación platense transformó de raíz las lógicas de la industria cultural. Los Redondos construyeron un camino singular. Sin depender de las grandes compañías discográficas ni de los medios tradicionales, desarrollaron una comunidad de seguidores que creció de manera sustained durante más de dos décadas. Discos como Oktubre, Un baión para el ojo idiota, Bang! Bang! Estás liquidado y Lobo suelto, cordero atado formaron parte de la banda sonora de miles de argentinos y consolidaron una estética propia, marcada por letras abiertas a múltiples interpretaciones y una fuerte mirada crítica sobre la realidad.
Tras la separación del grupo en 2001, Solari inició una nueva etapa junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Lejos de perder vigencia, amplió su convocatoria hasta alcanzar cifras inéditas para un artista solista en Argentina. Sus recitales reunieron a cientos de miles de personas y se transformaron en rituales colectivos que movilizaban seguidores desde distintos puntos del país, federalizando el acceso al goce y al encuentro comunitario frente a la mirada temerosa de las autoridades de turno.
Un lazo indestructible con el sentimiento de las mayorías
La trascendencia de su figura radica en la edificación de una identidad colectiva que las barriadas periféricas adoptaron como una trinchera frente a las adversidades de la vida cotidiana. Su influencia también se reflejó en una comunidad de seguidores que convirtió cada recital, cada lanzamiento y cada aparición pública en un acontecimiento cultural. Pocas figuras de la música argentina lograron generar un sentido de pertenencia tan profundo. Las banderas, los viajes de cientos de kilómetros para asistir a un concierto y la transmisión oral de sus canciones entre distintas generaciones dieron forma a un fenómeno que trascendió lo estrictamente musical.
Con el paso de los años, el músico también se convirtió en una voz escuchada más allá del ámbito artístico. Sus entrevistas eran escasas, pero cada aparición pública generaba repercusión. Hablaba sobre política, cultura, poder, libertad, arte y condición humana con un lenguaje que combinaba ironía, reflexión y una mirada crítica sobre el presente. Sus verdades seguirán resonando en el corazón de un pueblo que hoy lo llora en las calles, pero que mantendrá encendida su poesía como bandera de dignidad.