La esquina de las calles Uruguay y La Rioja, en la capital entrerriana, fue escenario este lunes de una imagen que sintetiza la fragilidad del mercado laboral actual. Decenas de personas se congregaron desde temprano para presentar sus currículums ante una convocatoria de una empresa de seguridad privada con base en Buenos Aires, que desembarcó en la ciudad para incorporar vigiladores. La escena, marcada por una fila que se extendía por varios metros, expuso la desesperación de quienes buscan trabajo en Paraná en un contexto de creciente incertidumbre económica.
La firma comunicó que la búsqueda se orienta a personas «responsables, comprometidas y con vocación por la seguridad, que deseen formar parte de una empresa en constante crecimiento». Según se pudo relevar, el objetivo inicial es conformar una base de datos para futuras incorporaciones, estimando la posibilidad de sumar alrededor de 50 trabajadores. Los requisitos mínimos —no poseer antecedentes penales y la ausencia de límites de edad o género— actuaron como un imán para una población que ve cómo se reducen las oportunidades en el sector formal.
El fenómeno del trabajador pobre y la búsqueda de mejores ingresos
La convocatoria no solo atrajo a quienes están fuera del sistema, sino que reveló una tendencia alarmante: el fenómeno de los trabajadores que, aun teniendo empleo, no logran cubrir sus necesidades básicas debido a la pérdida del poder adquisitivo. Uno de los postulantes, quien actualmente se desempeña en un comercio local, explicó que su presencia allí respondía a la necesidad de «buscar más» ante la insuficiencia de sus ingresos actuales.
El trabajador relató su reciente trayectoria signada por la inestabilidad: “Me quedé sin trabajo hace tres meses y por suerte un vecino del barrio me ofreció trabajar en un negocio hasta que pueda encontrar algo más”. Su diagnóstico sobre el escenario local fue tajante: “En Paraná está complicado, pero bueno, hay que buscarla igual. Hay que salir a buscar, no hay que quedarse”.
Jóvenes y desocupación: un sector contra la pared
La realidad de la juventud entrerriana también quedó plasmada en la fila. Postulantes de apenas 23 años, con estudios secundarios completos, relataron el impacto de los despidos ocurridos a principios de año, un goteo constante que no se detiene. “Me quedé sin trabajo en enero y ahora estoy buscando”, contó uno de los jóvenes entrevistados, quien reconoció con crudeza: “Creo que la situación está difícil para todo el mundo, pero hay que salir, buscar y probar”.
Esta masiva concurrencia en Paraná es un termómetro social de la desocupación y la precariedad. Mientras la demanda de empleo crece, la oferta se vuelve cada vez más estrecha, obligando a cientos de paranaenses a disputarse un puñado de vacantes en el sector de la seguridad privada, en muchos casos como única alternativa frente al hambre y la falta de horizontes claros.