Cerrito y su colonia tienen su origen en la política de colonización impulsada por el Gobierno Nacional a fines del siglo XIX, orientada a fortalecer la economía a través de la explotación agropecuaria. En 1876, el campo denominado El Cerrito fue adquirido al Banco Nacional, y una parte de esas tierras se destinó a la creación de la Colonia Cerrito fundada oficialmente el 10 de marzo de 1882.
En el marco del desarrollo de la colonia surgieron varios pequeños núcleos urbanos. Uno de ellos fue Gobernador Racedo —antigua denominación de Cerrito— fundado por iniciativa de Sixto Perini y Antonio Angelini el 28 de abril de 1887. La ciudad obtuvo su categoría de municipio el 10 de abril de 1974 mediante el Decreto N° 1230 firmado por el entonces gobernador Enrique Tomás Cresto.
Ubicación estratégica y atractivos culturales
Situada entre la Ruta Nacional Nº 12 y la Ruta Provincial Nº 8, Cerrito goza de excelente accesibilidad desde cualquier punto cardinal gracias a entradas estratégicamente ubicadas que conducen directamente al centro urbano. El corazón de la ciudad es la Plaza Las Colonias, un espacio de cuatro manzanas floridas, donde se encuentran el Salón Cultural, la Biblioteca Federico Schroeder, el Anfiteatro Municipal y el encantador paseo “Canto a la Vida”, con glorietas, fuentes y luminarias que aportan un aire romántico y sereno.
El imponente Palacio Municipal y el Museo Regional de Cerrito complementan el patrimonio arquitectónico y cultural. Este último, con su carácter ancestral, guarda los recuerdos de los pioneros que imaginaron el Cerrito de hoy.
Reserva Montecito de Lovera: naturaleza y educación ambiental
Uno de los principales atractivos turísticos y ecológicos de Cerrito es la Reserva Natural Educativa Montecito de Lovera, ideal para una escapada desde Paraná. Con una superficie de 6 hectáreas, esta área protegida busca conservar un remanente del monte del espinal, un ecosistema que a comienzos del siglo XX cubría el 40% del territorio argentino y que hoy ocupa menos del 12%, con apenas el 0,01% bajo protección nacional.
La reserva cuenta con tres senderos (900 metros en total) pensados para actividades educativas y avistaje de aves, en un entorno con diversidad de flora autóctona como algarrobos, ñandubay, espinillos, chañares y palmeras caranday. También es hogar de plantas epífitas, líquenes, claveles del aire y tunas.
Este espacio fue posible gracias a la donación de Héctor Lovera y Olga Sánchez, quienes lo cedieron con el fin de crear un entorno de aprendizaje y contacto con la naturaleza para niños, jóvenes y visitantes.