En una proeza que combinó resistencia física y respeto por el ecosistema, tres pescadores deportivos protagonizaron una captura histórica en el norte de Entre Ríos. Un ejemplar de raya gigante, estimado en 100 kilogramos, fue pescado en las aguas del arroyo Feliciano, tras una disputa que se extendió por casi tres horas y recorrió más de un kilómetro de cauce.
El hecho ocurrió en la zona de Puerto Algarrobo, un punto estratégico para los aficionados. Los jóvenes habían remado durante dos horas en sus kayaks para acampar y pescar durante la noche, pero la acción real comenzó recién con las primeras luces del día.
Una persecución de tres horas río abajo
Cerca de las 6:00 de la mañana, la fuerza de un pique inesperado cambió el ritmo de la excursión. Nicolás Moreira, uno de los protagonistas, relató que la potencia del animal los obligó a maniobrar de forma inmediata para no perder el equipo:
“Empezó a disparar y la única forma era seguirla. Nos llevó de una punta a la otra del arroyo”, explicó Moreira, detallando que la raya comenzó a sacar tanza con tal violencia que debieron abordar los kayaks para seguir su trayectoria.
Para asegurar la captura sin cortar la línea, los jóvenes debieron lanzar una segunda caña, logrando un doble enganche que les permitió mayor firmeza. El animal arrastró las embarcaciones aproximadamente 1.500 metros río abajo, en una lucha de resistencia que solo terminó cuando el ejemplar finalmente se cansó.
Pesca con devolución: la importancia del recurso
Tras lograr acercar al gigante a la orilla, los pescadores pudieron dimensionar el tamaño real de la pieza. Luego de registrar el momento con fotografías para documentar el hallazgo, tomaron la decisión de devolver al animal a su hábitat.
La liberación de ejemplares de este porte es una práctica fundamental en la pesca deportiva para preservar los reproductores de la especie y mantener el equilibrio biológico de la cuenca. El arroyo Feliciano, afluente del río Paraná, es conocido por albergar estos ejemplares de la familia Potamotrygonidae, que encuentran en sus pozones y lechos arenosos el refugio ideal para su desarrollo.