En una jornada que quedará marcada por el retroceso en materia de soberanía ambiental, el bloque oficialista de La Libertad Avanza logró la media sanción para reformar la Ley de Glaciares. Sin embargo, más allá de los números en el tablero, el debate dejó al descubierto un profundo desconocimiento sobre los ecosistemas de alta montaña, personificado en las polémicas declaraciones del senador patagónico Enzo Fullone, quien comparó los reservorios estratégicos de agua dulce con elementos «inútiles» para justificar el avance del extractivismo.
El proyecto, que ahora se traslada a la Cámara de Diputados, busca desarticular la protección actual para favorecer la megaminería y la explotación de hidrocarburos en zonas hoy vedadas. La retórica oficialista, encabezada por los representantes de las provincias con intereses mineros, sentó una base argumental que prioriza la rentabilidad inmediata por sobre la preservación de los recursos naturales esenciales para la vida.
Las polémicas definiciones de Enzo Fullone en el recinto
Durante su intervención, el senador por Río Negro, Enzo Fullone, fue el autor de las frases más cuestionadas por la comunidad científica y las organizaciones ambientales. El legislador libertario sostuvo que la reforma no elimina la protección del agua, sino que «aclara competencias», y utilizó una terminología despectiva para referirse a las geoformas que integran el ambiente periglacial. Según la visión de Fullone, existen formaciones protegidas que son simplemente «rocas a 4.000 metros congeladas que hoy no sirven para nada y no modifican ningún problema con el recurso hídrico».
Esta mirada, que reduce la complejidad de un ecosistema glaciológico a su apariencia superficial, fue el pilar de su defensa del proyecto. El senador patagónico insistió en que la minería debe convertirse en «un segundo campo» para la Argentina, asegurando que es «ilógico» frenar el desarrollo local y provincial por proteger áreas que, según su criterio personal, carecen de valor funcional. Para Fullone, la prioridad absoluta radica en generar empleo y exportaciones de cobre, litio, oro y plata, desplazando el paradigma de presupuestos mínimos ambientales por uno meramente comercial.
La falacia de la «roca inútil» y el riesgo hídrico
Las afirmaciones de Enzo Fullone chocan frontalmente con los fundamentos técnicos de la Ley 26.639. Lo que el legislador denomina como «rocas que no sirven» son, en términos científicos, glaciares de escombro. Estas formaciones son fundamentales para el equilibrio de las cuencas hidrográficas, ya que funcionan como reservorios de agua sólida protegidos por capas de detritos, lo que los hace mucho más resistentes al cambio climático que los glaciares blancos.
Al despreciar estas geoformas, el discurso oficialista ignora que estos cuerpos de hielo son los que garantizan el caudal de los ríos en períodos de sequía extrema. La pretensión de liberar estas zonas para la actividad industrial bajo la premisa de que «no aportan nada» constituye un riesgo directo para el suministro de agua de millones de personas que dependen de los sistemas hídricos cordilleranos, afectando no solo el consumo humano sino también la producción agrícola aguas abajo.
Bajo la bandera del dominio originario de los recursos naturales, el oficialismo busca en realidad desmantelar la estructura nacional de protección. Al respaldar las declaraciones de Fullone y Olivera, la cámara alta abre la puerta a que cada administración local defina arbitrariamente qué proteger, fragmentando la unidad del Inventario Nacional de Glaciares. Este enfoque permite que las provincias «compitan» por atraer inversiones ofreciendo regulaciones ambientales más laxas.